Tras la exigencia de la comunidad internacional el gobierno de Nicolás Maduro se vio forzado iniciar un proceso de negociación en República Dominicana al cual acudimos para explorar la posibilidad de buscarle una salida pacífica y democrática a la crisis que padece Venezuela.
Desde el primer encuentro, realizado el pasado primero de diciembre, dejamos muy claras nuestras peticiones: elecciones libres, justas y dentro de lo establecido en la Constitución Nacional; condiciones para que los venezolanos en el exterior ejerzan el derecho al voto, cambio en la composición del Consejo Nacional Electoral para asegurar su imparcialidad, observación internacional profesional y confiable de la elección presidencial, apertura de un canal de cooperación para la emergencia humanitaria, libertad de los presos políticos y el rescate institucional del país.
Después de dos días de largas reuniones, los cancilleres de Bolivia, Nicaragua, San Vicente, México y Chile, a quienes agradecemos su apoyo, elaboraron un documento por unanimidad que fue aprobado por ambas partes y que tomamos como marco para reuniones subsiguientes. Este documento recogía en buena medida nuestras demandas.
Pronto la delegación del gobierno dejó claro que no estaba dispuesto a un acuerdo que le permitiera al pueblo venezolano unas elecciones justas y reiteradamente presentó propuestas inaceptables que no accedimos a firmar. De forma intencional, el gobierno se burló de los facilitadores, con sus actos contra partidos políticos, contra la tarjeta y representación de la Unidad y contra líderes de la oposición.
El gobierno ha mentido reiterada y descaradamente al decir que estuvimos cerca de un acuerdo que permitiera elecciones limpias. Su delegación siempre se negó a aceptar las condiciones más importantes planteadas por la facilitación internacional para asegurar que los resultados electorales reflejen la verdadera voluntad de los ciudadanos. En definitiva, el gobierno no acepta una verdadera elección presidencial porque sabe que la perdería. Por eso obstruye cualquier posibilidad de cambio que le permita al pueblo de Venezuela liberarse para entrar en la ruta del bienestar. El gobierno quiere elecciones, pero no quiere que la gente elija.
Nicolás Maduro sabe que en una elección libre y competitiva el pueblo votaría en contra de una gestión que ha traído hiperinflación, hambruna, muertes recurrentes por falta de medicinas, parálisis sistemática del transporte público, niveles insoportables de inseguridad en las calles, escasez de comida, gasolina y hasta de efectivo. Por ello se aferra al poder de manera ilegítima y rechaza nuestras legítimas demandas.
A todos aquellos que desde el principio, cuestionaron el proceso de negociación y la ardua tarea de buscar una solución que beneficie a todo el pueblo venezolano, les digo que el adversario está al frente y no a los lados, es deber de todos estar unidos alrededor de una meta común: el cambio político en el país. Nosotros estuvimos presentes durante todo el proceso de manera firme, sin doblegarnos, buscando un resultado en favor del pueblo de Venezuela. Es momento de superar esas actitudes autodestructivas y unirnos de verdad, todos, para salir adelante y conquistar el futuro de paz, justicia, libertad y democracia que reclama nuestra patria.
Nuestro esfuerzo no cesará. Estamos comprometidos con los venezolanos y seguiremos luchando por un cambio político que permita enrumbar al país hacia un futuro de progreso y paz. En breve emprenderemos una gira internacional por Brasil, Chile, Argentina, México, Panamá entre otros países para conquistar las condiciones que permitan unas elecciones libres, justas y dentro de la Constitución.